A tiempo de ser

Nunca creí que esto me ocurriría, pero una prueba irrefutable de que pasa el tiempo (de que pasa mi tiempo, de que paso por el tiempo) es que pienso sobre las opciones que la vida que, parece, ha cerrado.

De esta forma, últimamente, me da por pensar:

  • Por qué no hice Psicología
  • Por qué no mandé a la mierda a aquel jefe
  • Por qué dejé pasar esa oportunidad laboral
  • Por qué no escribo otra puñetera novela y por qué siempre me rajo y las ideas que tengo me parecen malas
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Dos amigas

Entré en el polideportivo, donde mi hija mayor y mi mujer me estaban esperando. Las vi sentadas en esos asientos de plástico de colores que tienen todos los poliderportivos del mundo. Mónica hablaba con media sonrisa; mi mujer escuchaba. Madre e hija tenían las piernas cruzadas y las manos sobre ellas. Habían adoptado una posición simétrica.

Quise entrar haciendo un poco el payaso. Sin embargo, Mónica me vio por el rabillo del ojo y siguió contando a mi mujer, a su madre, algo que me pareció una confidencia.

Entonces me di cuenta no sólo que Mónica se había hecho mayor, sino que ella y su madre se consideraban amigas.