Los porqués a partir de los 50

Estuvimos todos en la Mercedes Fashion Week para ver el desfile de mi sobrina Marta (Lye Lysianne). Fue emocionante, muy emocionante. No era para menos: después de muchos sacrificios, Marta obtenía un merecido reconocimiento como diseñadora de moda.

Mi hermana Carmen me presentó a sus amigas Almudena y Sofía. Intercambiamos chistes y opiniones. Hablamos de la vida, de matrimonios y familias. Les enseñé fotos de mi mujer y de mis hijas. Entonces Sofía me dijo: “Hasta que cumples cincuenta, en la vida todo es teoría. A partir de esa edad viene la práctica; es cuando te empiezas a dar cuenta del porqué de las cosas”.

Muchas gracias, Sofía.

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Estabas equivocada, Terele

Coincidí con Terele Pávez hace muchos años, por casualidad, una noche en un bar de Huertas. Por entonces (creo que era sobre el 96), ella aún no habría cumplido sesenta años. Aunque tiempo antes había rodado Los santos inocentes y recibió críticas elogiosas, era sobre todo una actriz popular en generaciones anteriores a la mía, pero aún no lo era para las más jóvenes.

Yo me había acercado a la barra y mis amigos estaban sentados en una mesa, esperándome. Ella estaba con un señor más joven; intuí (al menos eso parecía) que la estaba cortejando, pero ella no estaba interesada en él en absoluto.

Cuando pedí mi cerveza ella y yo empezamos a hablar y le dije (algo que casi nunca suelo hacer con la gente famosa) que la conocía.

–¿De verdad que me conoces? –se mostró soprendida.

–Claro, has hecho esto y esto y también sé quién es tu hermana.

Empezamos a hablar y me pareció una persona encantadora y locuaz y tenía mirada de buena gente. En un momento de la conversación me dijo:

–Yo te aseguro que si me muero aquí ahora mismo, si caigo redonda al suelo, nadie va a saber quién soy.

Estabas equivocada, Terele. Quizá en ese momento sólo algunos te conocían. Pero hoy, ahora que has hecho el viaje, todos saben que has sido una de las mejores actrices de la historia del cine español.

Habrá que reinventar el verano

Ayer por la tarde lo comentábamos, sorprendidos, mi amigo Felipe y yo: por estas latitudes, los vencejos y los aviones ya se han marchado. Lo venía notando desde hace unos días (ya no escuchaba su alboroto al atardecer) y Felipe me lo ha corroborado: se han ido mucho más pronto que otros años.

Hemos comentado que, quizá, los cambios de temperatura de este verano (que han sido brutales) les hayan hecho creer que se ha adelantado el otoño. O, también, que esos mismos cambios en el mercurio han propiciado que buena parte de su sustento (son insectívoros) haya desaparecido y por eso han tenido que buscar lugares mejores para vivir.

Parece ser que no podemos hacer nada para que vuelvan, como tampoco, parece ser, podemos hacer nada para vivir un verano más amable. El verano y las circunstancias pasadas parecen inmutables. Y en cuanto al tiempo (no me refiero al atmosférico, sino al regido por el dios Crono) “es el que es”, como apostilla un conocido personaje de la serie El Ministerio del Tiempo.

Pero, ¿y si empezamos a rebelarnos y reinventamos este verano?

¿Cómo lo harías tú?

 

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