Cascos, bridas y relinchos

Alguna mañana que otra, cuando dejo a mis hijas en el colegio y voy camino al trabajo, me sucede algo sorprendente. Quizá alguien que no me conozca puede pensar que estoy loco.

El caso es que al pasar con el coche por ciertos parajes, oigo cascos de caballos, bridas y relinchos. Y justo cuando reduzco la marcha y miro hacia unos olivos que están cercanos a la carretera, salen a mi paso algunos caballeros, que en las mañanas frías se embozan el rostro con la capa mientras con la otra llevan las riendas de sus monturas.

Uno de ellos (casi siempre es el mismo, hombre maduro de barba rubia), se acerca galopando al coche, y con gestos me pide que pare y baje la ventanilla. “Por Dios”, me dice tras quitarse el yelmo para hablar conmigo. “¿Qué hace Vuesa Merced en ese trasto de fierro? Apéese de él y venga con nosotros. ¡Apúrese! Tome su cabalgadura. Le estamos esperando”.

Siempre le digo que no puedo, a lo que el caballero me contesta con mohín de pena: “Mañana volveremos a intentarlo”.

Luego arranco y me voy a la Facultad para hablar de Comunicación con mis estudiantes.

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Trabajar con actores

Hace algunos años, fui integrante de un proyecto de investigación multidisciplinar de mi universidad que estudió las diferencias entre dos conocidas cadenas de televisión. Analizamos no sólo la gestión en ambas instituciones, sino también la producción de informativos y el proceso de creación de sus series de ficción. Por este motivo a mí me tocó entrevistar, entre otras personas, al productor ejecutivo de una serie que entonces gozaba (de forma merecida) de bastante éxito.

La entrevista me aclaró muchas dudas y aprendí mucho haciéndola. En una fase de la conversación, pregunté al productor ejecutivo por los actores y él me confesó: “Mira, la relación con los actores es muy difícil. Trabajan con emociones. Se desnudan emocionalmente delante de todo el mundo. Y siempre o casi siempre están a la defensiva, porque se creen que te estás riendo de ellos o que les quieres engañar”.

El caso es que, bajo esa aparente crítica, se escondía un profundo respeto hacia esos compañeros de trabajo.

(*) Imagen de la entrada: Ginger Rogers y Fred Astaire, obtenida de WikiDanceSport.

Volteretas de colores

Grupo de casas en primavera, de Johannes Itten (1916)

Me enamoré del cuadro nada más verlo. Era Grupo de casas en primavera, de Johannes Itten. Mi hija Mónica y yo asistíamos a una actividad en familia del Museo Thyssen y la educadora nos pidió que nos parásemos delante de él. La actividad de ese día trataba sobre el uso del color y ella nos descubrió un secreto de su composición: los colores cálidos son expansivos y transmiten una fuerza centrífuga, mientras que los colores fríos transmiten fuerza centrípeta. El cuadro de Itten se nos presentaba dinámico y transmitía vida aun estando enmarcado en un entorno más o menos oscuro.

Ese día me volví a dar cuenta, además, de qué importante es la pedagogía del Arte.

En esta ficha del Museo Thyssen se menciona también la base rítmica, casi musical, del óleo.

(*) Imagen de la entrada: Grupo de casas en primavera, de Johannes Itten (1916).