El presente vesus vanitas vanitatis

Eso de querer perdurar en el tiempo a través de lo que uno escribe es una soberana tontería. Y lo malo es que uno se ha dado cuenta demasiado tarde, cuando las páginas de las tardes de abril se han cerrado en el calendario. Cuando era joven (sobre esto de la edad hablaré en otro post) quería escribir para vivir; luego, quise vivir para escribir. Ahora sólo quiero vivir y vivir, y ya me estoy dando cuenta de que lo mejor es hacerlo en el presente y no en pretérito.
Dios mío, cuántas buenas cosas hay en el presente que desdeñamos por futuros inciertos. Tengo unas cuantas que valen tanto como una eternidad: ver cómo mi mujer y mi hija se ríen; oír cómo mi hija me pide que le cuente un cuento; decirle a mi mujer que la quiero y que mi mujer me lo diga a mí; que mi padre me llame por teléfono y que venga un día a vernos; los buenos recuerdos que tengo de mi madre; el sabor de un buen café; una conversación con mi amigo Llobell; recibir la llamada de un amigo del pasado.
Todo lo demás, vanitas vanitatis.
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