Satie: el secreto guardado en un ánfora griega

Dicen que Erik Satie se inspiró en un ánfora griega para componer sus célebres Gymnopédies. Aquella vasija de barro estaba decorada con dibujos que representaban a unos atletas compitiendo. Al verla, Satie imaginó cómo aquellas figuras de color azabache tomaban vida y se movían en un baile sumamente delicado y armonioso.

Satie fue objeto de las chanzas de sus contemporáneos, que le consideraban un hombre en exceso huraño, autor de algunas piezas bellas, pero también de otras de dudoso gusto, más cercanas a las cacofonías y ruidos de perolas que a las melodías que aseguran el Parnaso a quienes las componen. Sin embargo, cuando uno escucha las Gymnopédies, da gracias a los dioses por haber músicos que creen en sí mismos y huyen del qué dirán.

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