Amados personajes (o no)

La prensa informa estos días de la publicación de unas cartas privadas de Tolstói, en las que el autor reniega de obras suyas como Ana Karenina o Guerra y paz. Al parecer, consideraba que el acto de escribir la primera era casi como un tormento y que, en conjunto, la segunda era superficial.

Conan Doyle odiaba profundamente a su Sherlock Holmes. Tanto, que decidió poner fin literariamente a su vida. Es bien sabido que, a menudo, la verdadera personalidad del autor emerge y se manifiesta mejor en los personajes secundarios, y, quién sabe, a lo mejor simpatizaba más con Moriarty o con el propio Watson. El caso es que, poco después de haber matado a Holmes, Conan Doyle tuvo que hacerlo revivir por la presión de sus lectores y editores. Para quien no lo sepa, Doyle era un tipo curioso: pertenecía a sociedades secretas, hay quien dice que era médium, era amigo íntimo de Houdini y creía firmemente en el más allá. Espero de todo corazón que en las praderas de la Eternidad se haya librado del insoportable, cocainómano y misógino Holmes. Nosotros, aquí en el plano material, aguantamos a un hermano gemelo suyo, un tal doctor House, que al principio tenía mucha gracia pero que ya cansa.

Hay otros narradores que han confesado sentir verguenza de sus primeras obras. Es el caso de Bioy Casares, quien decía que los autores deben tener el privilegio, si así lo desean, de borrar las primeras novelas de sus currículos literarios. En sus memorias, recordaba cómo, tras leer sus primeros escritos, un crítico le recomendó dedicarse a recoger patatas. Literalmente. Por cierto, no sé quién dijo que “un crítico es como un eunuco en un harén, que sabe cómo deben hacerse las cosas, pero que es incapaz de hacerlas”.

Hace pocos meses, J.K. Rowling abandonaba a su Harry Potter. Cuando, en una entrevista publicada por El País, Juan Cruz le preguntaba si le gustaría ser invisible, Rowling respondió que eso debería de ser lo más, como si el anonimato fuera un paraíso perdido y ansiado.

Yo nunca he odiado a ninguno de mis personajes, por eso supongo que odiar a uno o sentir verguenza de él debe asemejarse a cuando uno mira las fotografías de la adolescencia. Las imágenes muestran a seres a medio camino entre la nada y la promesa de una madurez que no se sabe bien si llegará. Pero, sin embargo, están ahí, esos adolescentes éramos nosotros, con sus virtudes y defectos. Holmes era estúpido, el Morel de Bioy era egocéntrico e ignorante. Sin embargo, cuánto les debemos a esos personajes que nos recuerdan que, pese a todo, nunca estamos solos y que perdonar las imperfecciones aún sigue siendo posible.

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Un comentario sobre “Amados personajes (o no)

  1. Bienvenido otra vez al mundo virtual (bueno, a mi mundo virtual, debería decir, porque veo que has seguido publicando). Me alegra mucho saber de ti y de tus textos, esos que tanto me gustan. Te mando un beso enorme y un abrazote que te tiña de naranja

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