Placeres y sueños

Ahora que me queda poco para cumplir cuarenta, me doy cuenta de que -en esencia- tengo los mismos sueños que cuando tenía veinte. He de confesar que he cumplido algunos y a otros los tengo en camino. Y aunque la lógica me dice que no conseguiré materializar algunos otros (inconfesables), estoy tranquilo. Me gusta tener a todos mis sueños ahí cerca (los cumplidos, los que están en camino y los que parecen inalcanzables) porque son como las constelaciones que guían el rumbo de los marineros. Quizá uno nunca pueda tocar a la Estrella Polar, pero gracias a ella se llega a buen puerto. Soy de los que creen que los ideales son útiles y necesarios en la vida, aunque no se reflejen en las cuentas bancarias, ni en los títulos que colgamos en la pared, ni tampoco los hagamos constar, pomposamente, en nuestro currículum vítae.

Con los gustos me pasa igual que con los sueños. Sigo disfrutando con los mismos pequeños placeres. Entre los que tienen que ver con los cinco sentidos están el sabor de un buen café, el frescor de una mañana de primavera o verano, el olor de la tinta cuando escribo con mi estilográfica (que, por cierto, cada día utilizo menos) o la algarabía que montan las golondrinas que anidan cerca de mi casa cuando vuelve el buen tiempo.

Algunos gustos son relativamente nuevos, pues los he encontrado en los últimos años. Me refiero, por ejemplo, a observar el color de los ojos de mi mujer y de mi hija, oír sus voces, escuchar jazz o paladear un buen vino. Quizá por mi trabajo (en el que tengo que escribir por obligación textos académicos) valoro mucho más cuando tengo una idea para un texto literario, y, por ese motivo, el tap, tap, tap del teclado del ordenador (que antes me parecía un ruido insulso y casi ridículo) me parece hoy maravilloso, como las gotas de lluvia cuando refrescan la tierra tras días de sequía estival.

Puedo confesar algunos placeres que no tienen que ver con los sentidos. Por ejemplo: no sé si será una virtud o un defecto, pero tengo algunos amigos a los que no veo en meses y meses y meses y, de repente, nos telefoneamos y hablamos y hablamos y hablamos como si nos hubiéramos visto la semana anterior. Me gusta conservar los amigos de hace años, pero comprendo, de corazón, que hay que soltar amarras y dejar que se alejen aquellas personas que quieren navegar por otros derroteros.

Entre los placeres relativamente nuevos se encuentra el de bucear por Internet, participar en redes sociales, husmear por webs y foros. Gracias a esta plataforma he conocido a navegantes y me he reencontrado con amigos que parecían haberse quedado atrás. Por eso me alegro de leer a gente como Ruymán, Núria o Amelie, gente que creen que los ideales son útiles y necesarios en la vida, aunque no se reflejen en las cuentas bancarias, ni en los títulos que colgamos en la pared, ni los hagamos constar, pomposamente, en nuestro currículum vítae.

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5 comentarios sobre “Placeres y sueños

  1. ¡Cómo me emociona leerte hoy, amigo! Estoy a punto de acostarme (ya sabes, esto de vivir al revés del mundo) y me llevo el buen sabor de boca de tanta cosa que describes y que me provoca el mismo placer. En esta semana he hablado mucho con diferentes personas sobre la luna llena (me confieso lunática jajaja), en cómo soy capaz de pararme en mitad de la calle a las siete y media de la mañana, cuando el resto del mundo empieza su jornada laboral para admirar a la dulce Selene que se va a dormir y soltar un lagrimón en mitad del frío. Hay gente que no disfruta un atardecer o las primeras estrellas de la noche o el crujir de las hojas secas al pisarlas durante un paseo otoñal o…A medida que pasan los años creo que nos volvemos más intolerantes con todo lo que no sea respetar lo nuestro. Me explico. Creo que cuando somos jóvenes tratamos de amoldarnos más al grupo, nos guste o no nos guste. En cambio, con la edad nos llega también la decisión o la seguridad (quizá a veces sólo la comodidad) con un@ mism@. Y defendemos mucho más lo que nos gusta, lo que tiene que ver más con nosotr@s. Por eso mismo, igual que ayer hablaba de esos programas de televisión, también me niego a escuchar música comercial (lo cual limita bastante las salidas noctámbulas jajaja) frente a un buen concierto de jazz o blues en algún garito de mala muerte, por ejemplo. Y sí, amigo, yo también soy de las de ‘una copa de buen vino’. Qué gran placer…Bueno, todo esto lo podía haber escrito en mi blog jajajaja, pero me provocaste todo esto antes de ir a dormir. Que lo sepas. Un lujito pasarse por este rincón. Es igualmente nutritivo para quienes le visitamos, señor… Un beso enorme (con aroma a vainilla)

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  2. Que casualidad, precisamente ayer comentaba algo parecido con unos amigos, entre muchas cosas, hablábamos de lo valioso y enriquecedor que resulta encontrarte con gente que te aporta cosas sencillamente por ser como es, independientemente de lo que han conseguido en la vida o no. Lo valioso que resulta encontrarte con personas que han conseguido aprender de la vida y disfrutarla – a pesar de ella – y tienen la facultad de saberlo transmitir, y tu, apreciado Juan Pedro eres una de esas personas.… y eso que eres madrileño , y no eres del Barça jajajajajaja,

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  3. Juan Pedro, mientras leía esta entrada, recordé que hace unos meses alguien me comentaba que no solía leer bitácoras escritas por periodistas, porque las consideraba una extensión de su ego en su afanosa búsqueda del éxito y del reconocimiento. Sin embargo, hacía una excpeción con unas pocas -entre ellas la mía, aunque no sé si merezco ese honor- porque, decía, eran escritas por PERSONAS antes que por PROFESIONALES. Por personas que, ante todo, tenían historias que contar y sabían cómo hacerlo. Categoría en la que, sobra decirlo, tu blog ocuparía un puesto destacado.Mientras leía tu texto, decía, recordaba esa conversación y pensaba que, seguramente, la fidelidad a unos ideales tiene mucho que ver con eso que me contaban. Porque cuando alguien persigue sus sueños, con independencia de que los llegue a cumplir, y lo hace con honestidad, seguirá disfruntando de esos pequeños placeres de que hablas, aunque esos ideales no se reflejen en las cuentas bancarias, ni en los títulos que colgamos en la pared, ni los hagamos constar, pomposamente, en nuestro currículum vítae.O precisamente por ello.

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