El jazz, o amar lo que se conoce

Dicen que para entender la Ópera y el Jazz es necesario que alguien, un mentor, un iniciado, te explique, cuando eres neófito, algunos secretos de estos géneros musicales. Yo tuve la suerte de que un antiguo jefe mío se mostrara receptivo cuando le confesé que empezaba a escuchar jazz.

–Pero, realmente, ¿sabes cómo nació? –me preguntó.

Le contesté los dos o tres lugares comunes que sabía por cultura general o que había leído de forma apresurada en Internet. Él esbozó una sonrisa indulgente y me empezó a hablar de las raíces africanas, de la importancia de los entierros con música entre los negros esclavos americanos, de la necesidad de improvisar, de ser autodidacta, del dominio absoluto del instrumento y de las reglas musicales. Me habló de que cuando los músicos blancos empezaron a adoptar el jazz como algo propio, los jazzmen negros crearon el be-bop para que nunca pudiera ser copiado.

Fue como si durante unos minutos abriera levemente un pequeño cofre para que yo viera su interior. Luego, como si quisiera cerrarlo a posta (puesto que una vez iniciado, el camino hacia el jazz debes recorrerlo tú solo) dejó de hablarme de historia y me preguntó que cuántos discos tenía o había escuchado ya. “Tienes que saber más del jazz clásico”, sentenció.

A la mañana siguiente me trajo una selección de CDs de su casa para que yo los escuchara tranquilo en la mía. En aquella selección no sólo estaban Billie Holiday, Ella Fiztgerald o Dizzie Gillespie, sino también Benny Goodman, Lionel Hampton, Woody Hermann, Jimmy Dorsey o Django Reinhardt. Poco a poco fui tomado el pulso a Miles Davis, John Coltrane, Art Blakey, Chet Baker, Bill Evans, Ben Webster, Dexter Gordon, Charlie Parker. Y, afortunadamente, a muchos más.

Al mismo tiempo creció mi curiosidad y sentí la necesidad de empaparme de biografías y ensayos al respecto. Erich Fromm tenía razón cuando afirmaba que sólo amamos realmente lo que conocemos. Me emocioné al saber que Billie Holiday tuvo que ejercer la prostitución, o que Nina Simone iba para concertista clásica pero que tuvo que ganarse la vida en cafetines. Me emocionó también conocer que Art Blakey se dedicaba a adoptar a los niños huérfanos que encontraba en sus viajes, que las drogas fueron matando poco a poco a Chet Baker (como mucho antes ocurrió con Charlie Parker), que Stan Getz se aferraba a la vida con increíble fuerza antes de que se lo llevara un cáncer, que Dexter Gordon resucitó y volvió del olvido para interpretar la maravillosa Round Midnight (por la que casi le premian con un óscar).

Me acordé de todo esto el pasado domingo, al leer Puro Miles Davis, un reportaje firmado por Diego Manrique en El País Semanal con motivo de la reedición de uno de los títulos más legendarios de este trompetista americano: Kind of blue.

(Entradas relacionadas en este blog: Just in time)

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6 comentarios sobre “El jazz, o amar lo que se conoce

  1. Se me hace muy corta la entrada para tanta variedad, aunque he echado en falta hablado de Coltrane, Davis, Parker y otros a Thelonius Monk, por la influencia que ha tenido en otros jazzmen posteriores. Una excentricidad para acabar: Charlie Mariano, saxofonista, que habiendo tocado con los clásicos, acaba dejandose influenciar por la música asiatica y realiza cierta “fussion” con ella. Un disco: Deep in a Dream.

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  2. ¡Qué gran entrada, amigo! Creo que ya lo hablamos cuando nos vimos, pero yo también estoy creciendo musicalmente con el jazz. En realidad mis comienzos en la música ‘negra’ pasaron por el ‘blues’ hace muchíiiiiiisimos años y de ahí, imagino que por evolución musical, me arrimé al jazz. Yo no conozco tanto como tú (en cuanto a biografías), pero sí a toda esa ‘banda’ de grandes músic@s de la que hablas.Lo único en lo que podría polemizar contigo en ese absoluto de sólo amamos lo que realmente conocemos. Es algo que suele convertirse en argumento para mucha gente a la hora de hablar de arte, literatura o música, como en este caso. Una cosa es que conocer los datos biográficos nos ayuden a comprender muchos más detalles de una obra, pero el amor (al menos como yo lo entiendo, vinculado a la emoción, a la pasión) pasa por lo irracional, es decir, una obra emociona o no emociona. Y para eso no creo que se necesite mucho más. Por ejemplo: alguien que no sepa nada de arte y se sitúe delante de “El Jardín de las Delicias”, de El Bosco, sentirá un impacto fortísimo cercano al enamoramiento (o al odio más absoluto, también puede pasar) y le gustará (o no) de un solo vistazo. Cuando conozca la biografía del amigo Hyeronimus sabrá muchos datos del pintor y podrá comprender muchos aspectos de la composición, de sus motivaciones, pero ya estará irremediablemente enamorado (o espantado) de esa obra. Con la música siempre hemos tenido este tipo de debates con más amigos, sobre si hay que saber de ópera o de flamenco (o de jazz) para que te guste. Y tú mismo has reconocido antes que no, que ya te gustaba…Bueno, vaya parrafada que te he soltado. Hacía bastante que no actualizábamos ni comentábamos, así que estamos otra vez en la ruta. Un beso muy grande, amigo

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  3. Ostras, Juan Pedro, yo me enganché al jazz cuando acabé 8ºEGB con una amiga y ya no he podido dejar de escucharlo. Y tienes toda la razón del mundo cuando dices que siempre hay alguien que te introduce pero que a mitad de camino te deja solo para que leas y lo descubras por ti mismo. Yo ahora estoy con Ignasi Terraza que no puedo dejar de escucharlo…

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  4. Hola Juan Pedro:Descubro tu blog y veo que seguimos teniendo en común nuestra pasión por la literatura y la música. Creo que el camino literario lo seguimos algunos años juntos y me da que los dos seguimos “buscando tesoros”.Al leer tu post me he acordado de un libro que me gustó mucho el año pasado y que combina la música con el argumento: ‘Si vuelves te contaré el secreto’ de Mónica Gutiérrez Sancho de Caballo de Troya para mí todo un descubrimiento ya que los sucesos que relata se mueven al son del ritmo de diversas piezas musicales y la acción se centra en un club nocturno de jazz ‘The Club’. La música y su ritmo va dirigiendo lo que va a ocurrir en cada capítulo.Y tienes razón una vez iniciado, el camino hay que recorrerlo uno solo…Un besote,

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  5. APULEYO: Escuché tu recomendación. ¡Sorprendente!AMELIE: Las grandes verdades, macroverdades, no se pueden ni esconder ni rebatir. Y, como decía el anuncio, “ahí me has dao”. Qué bueno tenerte por el blog.IRIS: He escuchado a Ignasi Terraza gracias a los vídeos que tiene colgados en su web. Es fantástico. ¿Cómo le conociste?MARIMÉN: Qué ilusión que te hayas pasado por aquí. cuánto tiempo desde que coincidimo en doctorado y parace que charlamos el verano pasado. Gracias por recomendarme el libro. Desgraciadamente, en los últimos meses tengo otro tipo de lecturas obligadas. Después de visitar tus blogs (el personal y en el que colaboras) y leer tus textos y críticas, sé que la recomendación es acertada.Gracias por las recomendaciones, amigos. Un abrazo muy muy muy fuerte para todos.

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