Domingos por la tarde y veranos invencibles

Albert Camus decía, más o menos, que en lo más crudo del invierno encontró dentro de sí mismo un verano invencible. La enseñanza de la frase es clara: a veces, en las circunstancias menos propicias encontramos dentro de nosotros un regalo, un tesoro, una luz que nos anima seguir hacia adelante.

Durante muchos años odié los domingos. Sobre todo sus tardes. Hasta que la suerte quiso hacerme varios regalos ese día. Fue un domingo de cuando tenía quince años cuando mi hermana Carmen me llamó por teléfono para decirme vámonos a montar a caballo.

Más tarde, fueron los domingos los días escogidos para reencontrarme con buenos amigos del pasado.

Durante algún tiempo jugué al fútbol los domingos por la mañana en el equipo de mi querido amigo Ricardo. Era portero y no muy bueno, pero de eso no vamos a hablar ahora.

En domingo, el barrio de Huertas estaba mucho más tranquilo y enseñaba la magia de las calles por donde un día pasearon Cervantes y Lope.

De novios y en los primeros años de casados, Marta y yo solíamos ir al Rastro los domingos por la mañana y luego comíamos por cuatro perras en un restaurante viejo de Lavapiés. Aunque fuera invierno siempre lucía el sol. Confieso que estoy deseando que mis hijas crezcan un poco para que disfruten también del Rastro en domingo, para que comamos todos en un restaurante barato de Lavapiés y sintamos que nada ni nadie puede con personas que se quieren y tienen sueños nobles.

Inviernos crudos. Veranos invencibles. Tempus fugit.

El verano se está terminando. Los días ya son más cortos y dentro de poco volverán las rutinas, los problemas, los atascos, las prisas, las pocas horas de sueño. Pero quién sabe si la Vida tiene preparado para nosotros el mejor de los regalos un domingo por la tarde o en los últimos días del verano. Quién sabe. A mí me gusta pensar que sí.

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7 comentarios sobre “Domingos por la tarde y veranos invencibles

  1. No hay nada que objetar a una victoria del Atletico en domingo… El domingo es la precuela de la semana que vendrá y el epílogo de la que se fue.

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  2. Me encanta leerte tan inquietantemente optimista en tus últimos textos. Da paz pasearse por este rinconcito y leer historias bellas de una persona idem…¿Los domingos? En los últimos tiempos he vuelto a disfrutarlos. A mí me encanta, como dices tú, el Rastro y tapear por La Latina o Lavapiés (cuando digo esto, puede ser una de las tostas gigantes -quizá la de gulas y ali oli- del bar extremeño que hay en la calle Carlos Arniches con una birra tirada en la placita junto al Mercado Puerta de Toledo). Ahora vuelve a ser tiempo de descansar por haber salido un sábado o el día perfecto para ir al cine por la mañana en los Ideal… Durante muchos años -ocho- fue el momento en que terminaba mis días de descanso para incorporarme esa noche dominical al ‘laburo’.Cuando estoy de viaje, si estoy en Montevideo, el domingo es un día hermoso porque es día de feria. Es el día de Tristán Narvaja y es lo mismo que estar en el Rastro, te tiras con un choripán cutre al suelo con una cerveza Patricia bien fría y el mundo se vuelve de otro color. También es día de asado familiar si estoy con mis amigos de Buenos Aires…El domingo es día de escuchar en la radio el partido del Atleti o de ver varias pelis seguidas en el salón de casa. Pero como bien dices, se trata de que ese día -como cualquier otro de cualquier semana- sea lo mejor posible.Un beso enorme e insisto: gracias por tus últimos textos.

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  3. Las terrazas de Madrid, los atardeceres de agosto, los paseos por la playa… Adoro el verano. Y ha sido genial leer tu texto antes de caer en una depresión post vacacional profunda, porque es cierto que las grandes pequeñas cosas también pueden encontrarse un domingo por la tarde. Y quién sabe si entre rutinas y despertadores.

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  4. Amelie: En tres palabras nos has llevado al otro lado del mar. Qué cerca y qué lejos, ¿verdad? Parecía como si estuviéramos comiendo contigo choripán en el paisito y un buen asado en la ciudad de Bioy Casares. Tienes el don de saber compartir tus tesoros con los demás gracias a las palabras. Me alegro de que te gusten mis escritos. Pero, recuerda, si ves algo en ellos es porque proyectas lo que hay en ti, nada más.Mònica: Me ha encantado cómo has explicado en tu blog tu Agosto Azul. Como nunca he escrito en tu blog, me tomo la libertad de contestarte ahora mismo en él…

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  5. ¡Ai ene! Por fin alguien que entiende la magia como la entiendo yo. Que sonrisas más bonitas me arrancas por las mañanas y esto es un Lujo :))Gracias.yo, que desde los ocho hasta los cuarenta me empeñé en llamarme sólo como tu hermana.A esa edad logré por fin montarme sobre un caballo y fue genial,qué sensación.

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