Tesoros y magia

En mi último post hablaba de los pequeños milagros que pueden encontarse en las tardes de domingo y en los días de invierno. La entrada de hoy, quizá, es una continuación de aquélla, que necesito escribir para cerrar el círculo y para que la magia surta efecto.

Hace un par de días días regresamos de la playa y, al llegar a casa, lo primero que hice fue llegar al despacho y vaciarme los bolsillos del pantalón. Encima de la mesa, al lado del teclado, dejé unos cuantos tesoros que encontré este verano y que me prometí escribir para que no se me olvidaran y para que los pudiera desempolvar en tardes de invierno, cuando el frío no nos deje salir de casa o cuando el sol esté perezoso.

Ahí van:

  • Las carcajadas de mi hija Mónica cuando (tras caernos empujados por una ola y atragantarnos) le dije que el agua del mar sabía a gazpacho.
  • La sonrisa y estremecimiento de felicidad de mi hija María cuando me veía rondar por su cuna.
  • La mirada de felicidad de Marta esperando que me gustasen los regalos que me hizo por mi cumpleaños (un roller-ball y un portaminas). No me gustaron: me encantaron. Ya los estoy utilizando, pues estoy escribiendo unos relatos que me están divirtiendo mucho.
  • La felicitación de Mónica, nada más despertarse, nada más abrir los ojos, y darse cuenta de que era el cumpleaños de papá.
  • El placer recuperado de escribir por el mero hecho de hacerlo, nada más. Y si es a mano, mucho mejor.
  • Algunos biberones de María a las cinco de la mañana: tras dárselos, salir a la terraza y ver un mar de estrellas. Increíble. Por cierto, no quiero ir de padre guay: la mayoría de las noches, lo confieso, se levantaba mi mujer.
  • Intentar ponerme a dieta y desayunar tortitas con sirope: sentir que estás cometiendo un maravilloso y delicioso pecado.
  • No comer pan para no coger peso y ponerme ciego a paella.
  • La risa de Marta al comprobar que no tengo remedio.
  • Descubrir en el buffet del hotel la máquina buena de café, la que ponía el preciado brebaje en su punto. Y, por su puesto, schssssss, callarme y no decírselo a nadie.
  • Hacer snorkel (¿se dice así?), nadar al lado de los peces, comprobar, una vez más, que dejar de pescar fue una de las mejores ideas de mi vida: siempre es más bello ver la vida que acabar con ella.
  • Pelearme con una tienda de campaña de ésas que abres en el aire en dos segundos y, si no tienes idea, tardas media hora en plegarla. Al final, vencí como un héroe griego (tras ver en Internet un vídeo de cómo se hacía, claro).
  • Los paseos tras la cena. Hacerme de rogar, hacerme pasar por duro cuando mi hija Mónica, cansada, me pedía que la llevara en hombros. En realidad, estaba deseando hacerlo. Lo del dolor de cuello veinte minutos después es otra historia.
  • Las siestas, ese gran invento.
  • Contar a mi hija Mónica “las aventuras de Ulises” (como llama ella a la Odisea) mientras la baño, la peino y la visto. Fue genial una vez que me lo pidió: “Papá, venga, ¿me las cuentas hoy, sí o no?
  • Conseguir que mi hija María se ría tras llamarla por su nombre y unos cuantos apodos. Ignorar que, en realidad, se ríe con todo el mundo.
  • Hacer fotos a mi hija Mónica justo en el momento en que se tira a la piscina, de bomba, ya sin corchos que la ayuden a nadar (la foto es de ese momento).
  • Sentir que nos quedan muchos veranos más, que el invierno es un prólogo del verano que viene.
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7 comentarios sobre “Tesoros y magia

  1. Yo quiero ser exploradora y encontrar tantos tesoros. Por si fueran pocos, yo he visto (aunque no lo cuentas) tus ojitos brillantes mientras escribías la interminable nómina de hallazgos…Gracias por compartir tanta belleza. Gracias por encontrarla en las pequeñas cosas que hacen que la vida merezca la pena.Un beso enorme y ¡¡¡ánimo para el nuevo curso!!!

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  2. No sé si conoces la simbología de Leo, la colgaré ahora, por si es que no y te apetece. Uno nace ''con el sol en un signo'' y esa pauta tiene relación con la Naturaleza. Eso es lo que no solemos comprender. Y el viaje del héroe interior, y esto si parece ser cierto, casi siempre guarda relación con ese mito. Cuando enfocas la casa quinta que es la que se relaciona con el Leo arquetípico lo ves más claro: la de los niños, los hijos, el juego y la creatividad. Y cómo no: el Amor. Que tengas muy buenos días.

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