Dime dónde

A pesar de que han pasado muchos años, a menudo me acuerdo de aquellas noches de septiembre. Por entonces tenía doce años y mi familia pasaba los últimos días del verano en un pueblo de costa. En la cama, a oscuras, yo podía oír, a lo lejos, la música de una discoteca cercana que se llamaba El Búho. Todas las madrugadas pinchaban una canción que encantaba: Dime dónde, de Rubi y los Casinos.

La música llegaba hasta el apartamento, precisamente, porque todo el pueblo estaba en silencio. Sólo el coro de grillos se atrevía a competir con los ecos de la música.

Empezaba a hacer fresco. La habitación se llenaba de azules y reflejos de las farolas. El aroma de las flores nocturnas llegaba hasta la ventana.

Aunque por las mañanas yo tenía que madrugar para ir a pescar, me gustaba quedarme despierto para disfrutar un poco de ese momento. Y así, tumbado boca arriba en la cama, soñaba con los ojos abiertos.

“Dónde estás ahora, dime dónde”, repetía Rubi. “Dónde te puedo encontrar”

(*) La fotografía de la entrada es de Jeffrey Betts y la puedes encontrar aquí.

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4 comentarios sobre “Dime dónde

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