Dos caballeros

Fue hace muchos años. Por aquel entonces no existían los teléfonos móviles y yo era un joven que empezaba a salir a cenar con amigas y amigos.

Una de esas noches, en un restaurante, presencié una escena tan especial que aún la recuerdo. Un par de mesas más allá de la mía estaban sentados dos chicos que no llegaban a los treinta. Iban vestidos casual tirando sólo a moderno. Hablaban, al parecer, del viaje que iba a hacer uno de ellos.

De repente uno se levantó y fue baño. Un segundo después, el que había quedado metió la mano en un pequeño bolso que había apoyado en el respaldo de su silla y sacó un pequeño paquete alargado, envuelto en papel de regalo.

Lo dejó delante del plato de su acompañante.

Cuando éste llegó, preguntó extrañado qué era ese paquete.

–Ábrelo.

El chico lo abrió y encontró una preciosa estilográfica azul. Le miró y sonrió.

–Es para que me escribas –continuó.

Fue hace muchos años, digo. Durante unos minutos estuvieron sentados, mirándose a los ojos, en silencio, con una de las miradas más sinceras y bonitas que he visto nunca.

(*) Imagen del post. Van Gogh: La terraza del café por la noche (1888)

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