Mujeres albatros

Nunca he comprendido a los tipos que tienen miedo de que sus mujeres sean más fuertes o importantes que ellos. Nunca he comprendido a los tipos que quieren dominarlas. Y tampoco he podido imaginar qué incentivo tiene que alguien te diga siempre “lo que tú quieras, cariño” (cuando, lo peor de todo, es que te esté mandando a tomar por saco para sus adentros).

Siempre me acuerdo de la definición de Pío Baroja de las mujeres albatros, aquellas que sobrevuelan tempestades. Y siempre me acuerdo, también, de su reflexión posterior: volar con ellas es demostrar que tienes las alas fuertes.

Mi mujer, mis hijas, mis hermanas y la mayoría de mis amigas son (y mi madre también lo fue) mujeres albatros.

Volemos a su lado, entonces.

El otro día, unos queridos estudiantes analizaron el logo de la firma Chanel. Y, de forma inevitable, salió a escena la creadora de la marca, Coco Chanel. Verbalicé a la clase que hubiera estado genial conocerla. Qué persona tan inteligente debió de ser.

Nada más llegar a casa leí su biografía. Bueno, vale, hay episodios en su vida como mínimo oscuros. Nunca han sido corroborados del todo. Pero eso, como decía un novelista, es otra historia.

Os dejo el final del biopic Coco before Chanel, protagonizado por Audrey Tautou y dirigido por Anne Fontaine.

El juego simbólico de los espejos es fascinante.

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Fin de cuatrimestre

Versos de buen corazón,
tan grande que no les cabe en una estrofa.

También versos con barba y voz engolada,
que creen que saben más que tú
(y quizá tengan razón).

Versos que no se enteran porque no quieren.

Versos que te dicen que te deben la rima,
cuando es al revés: eres tú quien se la debes a ellos.

Versos adorables.
Versos que psá.

Versos que se comportan como en el Instituto
y se dejan llevar por otros versos.

Versos que quieren hacer un máster,
pero lo que quieren de verdad es trabajar
pero no pueden.
Versos a los que un día pedirás trabajo.

Versos que te calan a la primera.

Versos que tú sabes que llegarán lejos
precisamente porque no quieren demostrarlo.

Versos a los que no llegas
y te da rabia.

Los versos siempre tienen vida.

La rodillera

Le tuvo más de diez minutos al teléfono. Era una chica. Le vendía una rodillera. Al principio él fue muy amable con ella. Le dijo que no le interesaba, que ya estaba operado de menisco. Y ella seguía. Y le decía que no sólo valía para la rodilla, sino para el codo, para el cuello y que era buena hasta para las varices. Y él le decía que no gracias. Y se le pasó por la cabeza colgar. Y entonces él recordó aquellos días en los que tuvo que trabajar en tantos y tantos trabajos grises de temporadas grises en los que llegaba a casa hecho una mierda.

Al principio fue amable con ella. Y al final también. La vida es muy jodida para todos en estos tiempos. Lo que ocurre es que cuando estamos bien se nos olvida lo mal que lo pasamos un día y creemos que estamos a salvo de cualquier mala racha.

La chica le dio las gracias por ser educado y le deseó una fantástico día. Él también se lo deseó a ella y cuando colgó el teléfono sintió un pellizco en el corazón.