La primera vez que entré en el edificio 17

Siempre digo que las aulas son lugares sagrados; conforman un espacio físico al que se le debe respeto. Cuando piso un aula por primera vez pienso en todas las personas que estuvieron allí antes y, también, en todas las personas que no tuvieron esa suerte.

La primera vez que entré al edificio 17 de mi Facultad, hace doce años, me sorprendió su pulcritud. Las taquillas estaban cuidadas, sin una sola pintada, pegatina o muesca. A pocos metros del hall principal, en el pasillo que lleva a los platós de televisión, descubrí el enorme e hipnótico mural de Enrique Linaza dedicado a la Historia del Cine, también cuidado y respetado. Todo se ha mantenido así con los años. Por cierto, el curso pasado se colocó otro mural, en la primera planta, con primeros planos de estudiantes, fotografías que nadie osa tocar.

Con el paso de los años, se ubicaron en hall y pasillos sillas y mesas para que los estudiantes pudieran estar sentados y trabajar en ratos de espera. Todo este mobiliario es tratado con mimo, como si todos fuéramos conscientes de su importancia, como si en esas sillas y mesas también se hiciera Universidad. Porque la Universidad, además de las materias propias de un grado o un máster, es una conversación, saber escuchar las opiniones de un amigo (o de quien no lo es), dialogar por los pasillos, saludar y conocer al personal administrativo y de apoyo, intercambiar una sonrisas en la cafetería. La Universidad es el más claro exponente de la Vida.

Comparto las ideas expuestas en Zemos 98: “La educación puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar“. Y aunque esto pudiera indicar que el espacio físico debe tener menos importancia, yo lo interpreto de otra manera: en educación, para que haya un libre intercambio de ideas, el espacio (tanto físico como virtual) debe ser sagrado.

Todo esto se me vino a la cabeza ayer por la tarde, viernes, cuando el edificio 17 estaba medio vacío, al igual que la primera vez que lo vi. Por tener, dicen, tiene hasta fantasmas. Pero, como decía el novelista, “esa es otra historia” que no sé si algún día contaré aquí.

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Los porqués a partir de los 50

Estuvimos todos en la Mercedes Fashion Week para ver el desfile de mi sobrina Marta (Lye Lysianne). Fue emocionante, muy emocionante. No era para menos: después de muchos sacrificios, Marta obtenía un merecido reconocimiento como diseñadora de moda.

Mi hermana Carmen me presentó a sus amigas Almudena y Sofía. Intercambiamos chistes y opiniones. Hablamos de la vida, de matrimonios y familias. Les enseñé fotos de mi mujer y de mis hijas. Entonces Sofía me dijo: “Hasta que cumples cincuenta, en la vida todo es teoría. A partir de esa edad viene la práctica; es cuando te empiezas a dar cuenta del porqué de las cosas”.

Muchas gracias, Sofía.

Estabas equivocada, Terele

Coincidí con Terele Pávez hace muchos años, por casualidad, una noche en un bar de Huertas. Por entonces (creo que era sobre el 96), ella aún no habría cumplido sesenta años. Aunque tiempo antes había rodado Los santos inocentes y recibió críticas elogiosas, era sobre todo una actriz popular en generaciones anteriores a la mía, pero aún no lo era para las más jóvenes.

Yo me había acercado a la barra y mis amigos estaban sentados en una mesa, esperándome. Ella estaba con un señor más joven; intuí (al menos eso parecía) que la estaba cortejando, pero ella no estaba interesada en él en absoluto.

Cuando pedí mi cerveza ella y yo empezamos a hablar y le dije (algo que casi nunca suelo hacer con la gente famosa) que la conocía.

–¿De verdad que me conoces? –se mostró soprendida.

–Claro, has hecho esto y esto y también sé quién es tu hermana.

Empezamos a hablar y me pareció una persona encantadora y locuaz y tenía mirada de buena gente. En un momento de la conversación me dijo:

–Yo te aseguro que si me muero aquí ahora mismo, si caigo redonda al suelo, nadie va a saber quién soy.

Estabas equivocada, Terele. Quizá en ese momento sólo algunos te conocían. Pero hoy, ahora que has hecho el viaje, todos saben que has sido una de las mejores actrices de la historia del cine español.