Escribir como un explorador

Tras comprender y asumir que (parafraseando a Fernando Poblet) nunca seré Baudelaire, desde hace meses escribo en cuadernos. Lo hago sin pretensiones, con las tripas y sin vergüenza, olvidando todos los recursos literarios que aprendí en los años de facultad y doctorado. Lo hago como el explorador que, perdido en la selva, anota impresiones en su cuaderno de campo sabedor de que finalmente éstas no servirán para nada.

Tengo un cuaderno de poemas (un maravilloso moleskine que me regaló mi hermana Carmen). Tengo también un cuaderno privado para cada una de mis hijas. Tengo un cuaderno para caligrafías.

El último que he empezado es uno de recuerdos o, mejor dicho, flashes placenteros, que vienen a mi cabeza de vez en cuando y que he comprendido que no debo olvidar.

¿Temo quedarme sin memoria?

No. Lo que temo es quedarme sin emociones cuando reviva esos momentos. Temo olvidarme de eso que es tener 20 años o que una mañana, cualquier mañana, sea la primera mañana.

Afuera, en la selva, cantan grillos y pájaros nocturnos. Mientras, dentro de mi tienda de campaña, con el candil encendido, a miles kilómetros de la metrópoli, escribo. Escribo.

La imagen del post es del Capitán Scott en uno de sus viajes. Es de Masons News Service y la he tomado prestada de The Telegraph.

Eso no te lo quita nadie

En una tarde de primavera de hace algún tiempo, delante de un café, Antonio Gómez Rufo me dijo algo importante. Era algo que yo venía barruntando y que, una vez escuchado, una vez hecho más tangible, cambió mi concepción del trabajo, de la Literatura, de la docencia y de la Vida misma. Antonio me dijo:

El éxito no existe. Es algo que te dan y te quitan los demás. No depende de ti. Lo que sí existe es la conciencia de haber hecho bien tu trabajo, de cumplir contigo mismo, de disfrutar con cada pequeña cosa que hagas. Eso no te lo quita nadie”.

Cuando lo bello sustituye a lo funcional

Son las dos de la madrugada y estoy en mi despacho, escribiendo. Generalmente, escucho música mientras trabajo, pero hoy prefiero escuchar el repiqueteo de la lluvia sobre los cristales. Redacto un artículo que enviaré dentro de unos días a una revista académica. Entre la documentación que manejo se encuentra una magnífica página web de dos buenos consultores especializados en el mundo de la edición digital, Alberto Vicente y Silvano Gozzer. La web, que recomiendo vivamente, se llama Anatomía de la edición y han publicado en ella un interesante estudio: Editores y estrategia digital: 64 respuestas.

Uno de los editores consultados sobre el futuro de la edición digital es Jacobo Siruela, de Atalanta. Él confiesa:

“Atalanta no hará libros electrónicos. Sería traicionar nuestra filosofía. Estamos a favor del objeto sensual, y en contra de la aséptica e impersonal funcionalidad del eBook. El mundo se tornó horrible cuando lo funcional sustituyó a lo bello y nuestro anhelo es restituir lo bello en un mundo cada vez más funcional”.

Me gusta lo digital como vehículo hacia un nuevo humanismo. Sin embargo, la apuesta de J.S. por lo bello ha hecho que me pare un poco a pensar.

En ese momento, Mónica, mi hija mayor, me ha pedido agua y, mientras la bebía, he sido consciente de que esa persona de seis años me necesita, de que nos necesita a mi mujer y a mí. Después de darle el agua le he dado un beso y la he tumbado de nuevo en la cama (duerme en la parte de arriba de la litera). Me he agachado, he dado otro beso a María, la peque, y la he arropado (tiene la costumbre de destaparse y dormir boca abajo, como yo cuando era pequeño). He salido a la terraza, he abierto una hoja de la ventana y he olido el césped húmedo. Dentro de unos minutos iré a buscar a mi mujer, que se ha quedado dormida en el sofá.

Me gusta mi pequeño cosmos, nuestro pequeño cosmos.

“El mundo se tornó horrible cuando lo funcional sustituyó a lo bello y nuestro anhelo es restituir lo bello en un mundo cada vez más funcional”, recuerdo.

Besos. Sueños y peticiones de niños. Palabras escritas. Afuera sigue lloviendo. Escucho el repiqueteo de la lluvia sobre los cristales.

Buenas madrugadas. No os olvidéis ser felices estos días de vacaciones.