“Quédate a mi lado, no te marches más” (Coppini)

Ahora que Germán Coppini también se ha ido, todos estamos hablando mucho, quizá en exceso, de su canción más conocida, Malos tiempos para la lírica. Pero, personalmente, hay otras canciones suyas (compuestas para Golpes Bajos, en solitario o en colaboración) que me gustan tanto o más que ésta.

¿Os acordáis de Cena recalentada? Habla de la sensación de fracaso en la adolescencia o primera juventud. Este vídeo se emitió en La bola de cristal en 1983.

En 1998, Coppini actualizó el tema, cambiándole el protagonista y algunos matices de la historia. A mí me parece tan buena como la original.

No mires a los ojos de la gente forma parte de su álbum debut y a mí me recuerda siempre a verano. “Escóndete en el cuarto de los huéspedes, sólos a oscuras no pueden verte […] Quédate a mi lado, no te marches más”.

En Pepito Grillo, en colaboración con Nacho Cano (1986), habla, con forma de cuento tradicional, de la espera de un amor perdido al que le une un sentimiento protector.

Dame un chupito de amor, también fue compuesta en colaboración con Cano. Habla del amor, de sus fases, de sus consecuencias, de consejos dados y recibidos.

Y, venga, claro, a mí también me gusta Malos tiempos para la lírica. Por supuesto.

Caminar bajo el sol y sobre la arena de la playa

Estos días estoy hablando a los chicos de la importancia de la sencillez en el lenguaje (ojo, digo sencillez y no simplicidad) para expresar pensamientos claros e, incluso, emociones sinceras. A menudo, la hipocresía se engalana con gerundios, perífrasis, formalismos y muletillas. Y, por el contrario, casi siempre, la honestidad (intelectual y emocional) es cristalina, breve, certera y sin rodeos.

Hace mucho tiempo, una jefa que tuve me dio mi primera lección de Periodismo: “Los redactores debemos escribir en corto, para que nos entiendan mejor”, decía. “Eso sí: es más difícil escribir en corto que en largo. Cuesta mucho más y la gente te lo reconoce mucho menos”.

Casualmente, estos días me llega una música que me deleitó cuando yo era poco más que un crío. Es de OMD (quienes, por cierto, han vuelto) y la canción habla de sentimientos verdaderos que se desvelan poco a poco, de, textualmente, cogerse las manos, mirar al sol, andar sobre la arena de la playa.

Que la disfrutéis. Ah, y no os olvidéis ser felices.

Día del Padre

Ayer mis hijas se adelantaron y me dieron por la tarde sus regalos del Día del Padre. Los hicieron ellas mismas y son maravillosos. Mónica reutilizó un sobre mediano de correos para elaborar un marco de papel, que adornó con palitos de colores y en el que puso dentro una foto suya. Sale guapísima, mirando de reojo a la cámara con media sonrisa. María me entregó un separalibros decorado por ella: con su manita esparció color azul y motas de color verde. Lo utilizaré en un libro muy especial que me estoy leyendo y para el que necesito muuuuuuuucha paciencia.

Os contaría muchas cosas de ser padre y de días así. Pero no voy a hacerlo. Voy a dejaros, mejor, una canción del Pedro Guerra: Quisiera saber. Cuando la escuché por primera vez me di cuenta de que Pedro había sido padre, pues contiene cierto tipo de preguntas, la sensación de ser pasajero en tránsito, la certeza de que todo va y viene y de que es más estable y, a su vez, paradógicamente, más frágil que nunca.

Os quiero, compañer@s.