El regalo inesperado de un paje real (un cuento antes de Reyes)

Mi preferido era Baltasar. Sin lugar a dudas. Me parecía el más simpático, el más diferente. Sin embargo, mis afectos empezaron a verse un poco alterados gracias a un suceso inesperado. Ocurrió la mañana de un 6 de enero, después de abrir los regalos que me habían dejado los Reyes Magos.

Yo creía que había abierto todos, pero, sin querer, me había dejado uno: era un paquete muy sencillo, con apariencia de libro, envuelto en papel de estraza y atado con un simple cordel de esparto. “Para Juan”, tenía escrito a mano. Mis padres me lo dieron y lo abrí. Era un estuche de plástico azul, con forma de libreta y con cremallera. Allí dentro había pinturas de colores, lapiceros, una goma de borrar, un sacapuntas de aluminio, una pequeña regla, un ángulo. Olía todo tan bien a madera y a nuevo. Estaba fascinado.

–¿Y este regalo? –pregunté a mis padres–. ¿Por qué está apartado? Parece distinto.

–Es distinto –me explicó mi madre con muchísima seguridad–  porque es el regalo de un paje real.

Un paje real. Te cagas. Era lógico que los Reyes Magos conocieran y quisieran a todos los niños. Pero que uno de sus pajes, repito, que uno de sus pajes también te conociera era lo más. Era, simplemente, alucinante.

–¿Y por qué me hace un regalo?

–¡Anda! –respondió mi madre–. Pues porque te quiere y le caes bien.

–¿Que me quiere? ¿Tú crees? –pregunté, sorprendido. Lo que me pasaba era increíble. Era como tener un amigo invisible, pero mucho más especial.

–Pues claro, hijo. A ver, ¿por qué no te va a querer un paje real? Venga, dame una razón. Dámela –razonó mi madre.

A ver, a ver… No podía creerlo. Yo era un niño muy tímido y muy introvertido, al que le costaba mucho hacer amistades. Pero, en realidad no había ninguna razón por la cual ese paje no quisiera quererme. ¡Tenía como amigo a un paje real!

Mi querido Paje Real siguió regalándome presentes especiales en los siguientes Días de Reyes. Sus regalos siempre estaban al final, escondidos, debajo de otros. Siempre eran los más sencillos, los en apariencia más humildes.

Los buenos de los Reyes Magos me renovaban cada año un Geyperman (mi muñeco preferido), motivo por el que les estaba muy agradecido. Pero el paje me traía regalos que eran un guiño. Generalmente tenían que ver con algo con lo que yo pudiera crear: el estuche, unas pinturas, un cuaderno chulo, un bolígrafo como los que utilizaban los mayores.

Qué ojo tenía el Paje Real. Cómo me conocía. Estaba seguro de que él y yo éramos muy-muy parecidos.

Debo mucho a mis queridos Reyes Magos y a mi querido Paje Real. Me mostraron los efectos de la magia y me enseñaron, de forma sencilla, que todos somos merecedores de amor y que todos podemos amar a alguien. También me enseñaron que alguien puede quererte sin pedir nada a cambio y que tú debes querer, también, de forma desinteresada. Me enseñaron que hay extrañas conexiones entre personas y que todo puede ser realidad.

Os deseo de todo corazón que os traigan muchas cosas los Reyes Magos y sus Pajes Reales. Os quiero mucho.

Por cierto, ¿sabes que existió un cuarto Rey Mago llamado Artabán?

Lo que hacen los pájaros

Mi hermana Carmen acaba de llamarme por teléfono para, entre otras cosas, contarme un pequeño cuento. Más o menos, es éste:

Un hombre muy sencillo va a un circo a pedir trabajo.

–Y, tú, ¿qué sabes hacer? –le pregunta el dueño del circo.

–Pues, mire, yo sé hacer lo que hacen los pájaros –contesta humilde nuestro hombre.

“¿Lo que hacen los pájaros? ¿Y para eso viene?”, se pregunta el dueño del circo. Qué osadía. Él ya tenía un payaso que cacareaba y un funambulista que silbaba como un jilguero. Lo que hacen los pájaros, qué tontería.

–Lo siento –le espetó–, no tengo trabajo para ti.

Resignado, nuestro hombre agradeció al dueño los minutos que le había dedicado. Luego miró al cielo, se dio la vuelta, abrió sus alas y se fue volando.

Gracias por contarme el cuento, Carmenchu.

Crédito de la imagen del post:
By Adamo, CC BY 2.0 de, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15188318

Te regalo un cuento y las primeras páginas de una novela

Hace un par de días comentaba en mi blog profesional que en pocas fechas verá la luz mi primer manual universitario, Comunicación Institucional a través de Internet.

Este anuncio propició que amigos y compañeros me enviaran mensajes y correos dándome la enhorabuena. “Oye, a propósito, ¿qué tal van tus textos de ficción?”, me preguntaron algunos. Y, de forma inevitable, nos hemos puesto a conversar sobre papel que tendrá la Red en la Literatura.

Creo, sinceramente, que las nuevas tecnologías ayudarán (y mucho) a la narrativa. Las historias se multiplicarán y, llena de vida, encontrarán casi por sí mismas a sus lectores. Los públicos se segmentarán y buscarán los textos que realmente les gusten, ajenos a las veleidades del marketing impuesto por las grandes editoriales.

Quizá, en el futuro, cambie el concepto de escritor: ya no será un gurú ni un prescriptor de opinión, sino alguien que, dotado de la palabra, comparta sentimientos o vivencias, nada más (y nada menos). Y no lo hará ni por fama ni por dinero. Lo hará por el placer de sentir empatía, de sentir conexión con alguien, lejano en el espacio y en el tiempo.

Cuento esto también porque acabo de subir a Amazon Kindle dos textos de ficción y estoy muy contento.

El primer texto es El secreto de los buscadores de perlas, una novela de amor, aventuras y misterio, que publiqué en Siruela en 2002 y del que he recuperado los derechos.

El segundo es El ángel de Sao Paulo y otros relatos sobre fútbol. Es una coleccion de cuentos para quienes se sienten niños de vez en cuando y aún creen en los milagros. 

Y para celebrar que están circulando me gustaría hacerte dos regalos:

  1. El relato que abre El ángel de Sao Paulo, que se llama Mi padre y Dirceu.
  2. Las primeras páginas de El secreto de los buscadores de perlas.

Espero que los disfrutes.